Jueves 2 y Sábado 4/8: Charlas-debate en Alto Valle

A 40 años de la Fuga y posterior Masacre, ¡Vamos a Trelew!

Jueves 2/8, 18 horas, Auditorio Fac. Ingeniería, UNComahue (Neuquén)

Sábado 4/8, 18 horas, Centro Cultural “El Andén” (Cipolletti)

Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)

Editorial A Vencer Nº44, edición de julio

Unidad del movimiento obrero, desde las bases y en la lucha

El paro y movilización a Plaza de Mayo del 27 de junio último convocado por Hugo Moyano, en la que participaron aproximadamente 40.000 personas, la mayor parte de ellas del sindicato de Camioneros, marcó un “parte agua” en la interna de la CGT y aceleró tiempos en la fase decisiva. Por lo que, obviamente, la valoración de este hecho político fue motivo de polémica y las interpretaciones que puedan hacerse no son externas a la disputa política, sino parte integrante de la misma.

Para algunos dirigentes del oficialismo “Moyano tenía más poder antes que después del acto de Plaza de Mayo”; para el miembro de la Sociedad Rural, dirigente de UPCN e integrante de la fracción “independiente”, Andrés Rodríguez, el acto demostró que “la CGT somos nosotros”; en tanto algunos periodistas afines a la Casa Rosada hablaron de “empate técnico” o aceptaron que lo del 27 de junio fue “ni tanto ni tan poco”. Lo que es seguro es que en ningún caso puede hablarse de un triunfo del moyanismo que empieza a ver reducidas sus posiciones al enorme poder fuego de Camioneros, rodeado de un pequeño grupo de gremios chicos y con escasa capacidad de movilización, aliados históricos de Moyano.

Como es de esperar, el gobierno nacional no se va a quedar de brazos cruzados en el desenlace de esta interna y, al cierre de esta edición, el Ministerio de Trabajo se preparaba para aprobar la impugnación presentada por los “gordos” y otros sectores antimoyanistas para que se declare nulo el confederal que convocó a la elección de autoridades de la CGT para el 12 de julio. De este modo, en las semanas sucesivas se irá consagrando formalmente una ruptura que es un hecho desde hace meses y la “legalidad” de la CGT irá quedando en manos del sector que amontona a Caló, Rodríguez, Lingieri y los “gordos” del menemismo: Lescano, Cavallieri, West Ocampo… ¡Una muy apropiada y digna representación gremial del proyecto “nacional y popular”!

Cristina quiere un movimiento obrero dividido y domesticado

El telón de fondo de este enfrentamiento es la crisis capitalista que el gobierno kirchnerista pretende enfrentar con un “mix” de medidas de ajuste con iniciativas keynesianas, cuyo máximo exponente es el plan de viviendas (“Pro.Cre.Ar”) anunciado semanas atrás con bombos y platillos por la Presidenta y el viceministro de Economía, Axel Kicillof.

Lo cierto es que detrás de algunas cortinas de humo (¡las inversiones chinas están de vuelta!), los efectos de la crisis económica mundial empiezan a hacerse sentir donde más duele: en los niveles de empleo. Ya se han conocido suspensiones y despidos como respuesta patronal a la desaceleración de la economía o a raíz de las trabas comerciales en sectores metalúrgicos, autopartistas, terminales automotrices, olivícola (aceitunas Nucete), entre muchas otras a lo largo y ancho del país.

Ante este cuadro, como expresáramos en una declaración pública en relación al paro de la CGT-Moyano firmada por diversas organizaciones, “con la crisis capitalista golpeando las puertas, con una estructura económica extranjerizada y monopólica en muchas de sus ramas, con una creciente inflación que ataca directamente al salario; la burguesía y el gobierno nacional buscan fracturar al movimiento obrero para que sea más dócil y domesticado. Las constantes descalificaciones de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, hacia los sindicatos y las justas luchas de los trabajadores son una clara expresión de esa necesidad”.

Acá se ubican las razones de fondo del enfrentamiento entre Cristina Kirchner y Moyano, en una coyuntura en la que el gobierno nacional no puede tolerar la más mínima “autonomía relativa” de las direcciones sindicales que le son afines, ni siquiera en sus formas más burocráticas (es decir, no hay ningún margen para una política “neo-vandorista” de las cúpulas gremiales). Ni que hablar de las expresiones más o menos independientes o combativas a las que descalifica una y otra vez y ante las cuales no ha dudado en aplicar diversas variantes de criminalización de la protesta social (movilización de fuerzas de seguridad, inicio de causas judiciales, tercerización de la represión a través de patotas, etc.)

La pelea de fondo

La puja al interior de la CGT se inscribe en la batalla mayor que se está dando dentro del oficialismo por el recambio presidencial del 2015, cuyo epicentro se ubica en terreno bonaerense, donde el gobierno nacional no para de cascotearle el rancho a Scioli. La política de hostigamiento del kirchnerismo, a través del vicegobernador Mariotto, es tan evidente que comparativamente el ex vicepresidente Julio Cobos se convierte en un abanderado de la “lealtad” peronista.

El anuncio de Scioli del desdoblamiento en ¡cuatro pagos! del medio aguinaldo es la primera expresión grave, en términos de gestión y gobernabilidad, de esta puja al interior del Frente para la Victoria. Es sabido que el gobierno nacional giró $1000 millones de pesos (lo justo para el pago de sueldos) de los $2500 que necesitaba el sciolismo para hacer frente a todos los compromisos. Y la consecuencia de esta movida, en la que se combina crisis económica con puja de proyectos políticos, será una andanada de luchas y protestas de trabajadores estatales, judiciales y docentes.

ATE y el SUTEBA kirchnerista ya anunciaron que harán paro. ¿Qué dirá de estos legítimos reclamos el titular de la CTA chupamedias, Hugo Yasky?, ¿los considerará igual de “destituyentes” que el paro de la CGT de Moyano?

Por una intervención independiente de los trabajadores

En el medio de estas internas y fracturas ajenas debe desenvolverse la pelea por nuestros intereses como clase. En este sentido, no hay que perder de vista que las demandas que levanta la fracción de la CGT que aún conduce Moyano son tan justas como parciales: el salario no es ganancia y las asignaciones familiares deben ser cobradas por todos los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, esos planteos se quedan cortos, por lo que es una obligación de los sectores que nos reclamamos como antiburocráticos y clasistas hacer los mayores esfuerzos para instalar en la agenda política nacional las demandas de la totalidad de nuestra clase.

Por eso, hay que pelear por respuestas urgentes para más del tercio del total de los asalariados que trabajan en negro o sobreviven con “changas” informales, a los que la inflación les pulveriza día a día sus ingresos; o esos casi cuatro millones de compañeros/as que trabajan en blanco pero con salarios inferiores a los $4000 que apenas si llegan a cubrir la canasta básica.

De más está decir que no nos comemos el verso que propone la Presidenta que los de abajo “redistribuyamos” la riqueza entre nosotros; es decir, que nos matemos entre los laburantes por migajas para que los que tienen un ingreso apenas un poco mejor que el resto aporten lo que no ponen los patrones. Lejos de esto, hay que nivelar “para arriba”, y la plata, que está, tiene que salir del fin del pago de la deuda externa y de una profunda reforma tributaria, realmente progresiva, para que los empresarios y ricos paguen más, para que los ingresos a las arcas fiscales no se sostengan fundamentalmente con impuestos al consumo popular (como el IVA).

A su vez, la lucha por nuestros intereses debe enlazarse en la práctica con la construcción de un nuevo modelo sindical democrático, participativo y con principios de clase. La cuestión de la democratización de nuestras herramientas gremiales no es un problema de orden teórico o filosófico, sino la condición de posibilidad para que los trabajadores y trabajadoras podamos llevar adelante las grandes luchas que son necesarias para conquistar las mejoras económicas que nos merecemos.

Para esta política, y en la perspectiva de construcción de una alternativa política de los de abajo, luchemos por la unidad del movimiento obrero desde las bases y levantemos un pliego de reivindicaciones del conjunto de nuestra clase trabajadora.

Ni despidos, ni suspensiones. Salario mínimo acorde a la canasta familiar. Basta de trabajo en negro, de flexibilización y precarización laboral. Derogación del impuesto al salario. Universalización de las asignaciones familiares. 82% móvil para nuestros jubilados. Desprocesamiento de los luchadores populares. Abajo la Ley Antiterrorista.

Por un frente político y social, antiimperialista y anticapitalista

Nos sumamos a la COMPA

A principios de este año los compañeros/as de la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de la Argentina (COMPA) invitaron a MIR a sumarse a esa coordinación. Semanas atrás, nuestra organización resolvió finalmente integrarse a la COMPA elaborando con ese fin un documento referido a la etapa política actual, de análisis y perspectivas, del que publicamos una versión resumida.

Más de 9 años de gobiernos kirchneristas

Con tres gobiernos sucesivos, y en plena elucubración de cómo desarticular las trabas legales para un cuarto mandato, el proyecto político encabezado por Néstor y Cristina Kirchner registra una inédita continuidad y duración que no tiene antecedentes desde la inestable vigencia del régimen democrático representativo de la burguesía en Argentina.

Su origen y razón de ser se ubican en el escenario post Rebelión Popular de 2001, constituyéndose como la salida más inteligente que un sector de las clases dominantes supo poner en pie –con elementos de concesión y resignificación de varias de las reivindicaciones populares expresadas en Diciembre de 2001- para salir de esa extraordinaria crisis económica, social, política e institucional que vivió nuestro país.

Sin embargo, no puede perderse de vista –y menos ahora con el nivel de disputa interna que comienza a exteriorizarse- que más allá de sus rasgos novedosos fruto del momento histórico en que emerge, el kirchnerismo no deja de ser -en un sentido acotado- la transitoria fracción política de dirección del movimiento peronista clásico. Es decir, el equipo de dirección de la única fuerza política, policlasista, capaz de garantizar la estabilidad del régimen capitalista en Argentina, en virtud de su hegemonía política en el seno de la clase obrera (reforzada, no originada, por el control burocrático de las direcciones sindicales) y su supremacía en las barriadas populares, a través de las estructuras de punteros y de los dispositivos estatales de distribución y acceso a recursos (tanto a nivel de municipios, provincias o Nación).

En otro orden, es interesante destacar que cierto componente original que hace del kirchnerismo una suerte de amalgama de peronismo clásico con progresismo y sectores independientes, es un fenómeno casi exclusivamente metropolitano, o cuanto mucho de algunas pocas grandes ciudades. Al decir del sociólogo y encuestador kirchnerista Artemio López “eso llega hasta la General Paz” y después de ese límite geográfico el kirchnerismo es “peronismo puro y duro” (afirmación que resulta evidente en el resto de las provincias donde el kirchnerismo no es más que una abstracción que apenas si disimula las formas clásicas de los pejotismos provinciales, con rasgos semi-feudales en algunos casos).

¿Por qué toda esta introducción referida, esquemática e insuficientemente, a los rasgos generales del kirchnerismo? Porque es a través de la acción política de los gobiernos kirchneristas que la institucionalidad burguesa se recompuso a niveles inimaginables luego de la crisis de dominación que abrió la Rebelión Popular de 2001, lo que plantea novedosas tareas y exigencias políticas diferentes a las que veníamos acostumbrados muchos de quienes nacimos a la militancia al calor de la resistencia al menemismo y después la seguimos con la Alianza y el duhaldismo.

Es en este ámbito, en el de la propuesta política concreta, en el que el kirchnerismo ganó terreno progresivamente dentro del movimiento popular, haciendo suyas banderas que nunca lo habían sido. Sobre la base de la administración inteligente de un ciclo económico expansivo luego del crack del 2001, sumó adhesiones a través de algunas medidas más o menos profundas y/o contradictorias que dieron respuesta y empalmaron con genuinas aspiraciones populares: política de derechos humanos, estatización de los fondos previsionales, Ley de Medios, YPF, Ley de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género, etc.

Así, el peronismo kirchnerista logró ensanchar su base de sustentación y fracturó a diversas organizaciones gremiales y sociales que habían resistido al neoliberalismo; e incorporó a la militancia a numerosos sectores juveniles, contando para ello con cuantiosos y renovados recursos estatales.

Por un frente político y social, antiimperialista y anticapitalista

De aquí surge la necesidad de desplegar iniciativa política y dar pasos concretos en la conformación de un frente político y social, antiimperialista y por el socialismo, de alcance nacional, capaz de dar algún nivel real de disputa en el terreno que hoy propone y dirige el kirchnerismo con holgura.

Consideramos que la COMPA ha tenido el mérito de hacer punta en esta tarea, lo que a su vez le plantea mayores responsabilidades a la hora de pensar y proyectar políticas para el desarrollo y crecimiento de un espacio de “nueva izquierda” que la excede. Y que a su vez tiene el desafío de no repetir el derrotero de las cíclicas construcciones centroizquierdistas en nuestro país, con los resultados decepcionantes conocidos por todos.

Cabe destacarse que nuestra intervención debe darse en un escenario de fuerte fragmentación del campo popular que supo resistir al neoliberalismo durante los ´90, en el que intervienen diversos actores con sus proyectos políticos en disputa, lógicamente. Sólo para mencionar los más relevantes pueden señalarse:

* La CTA-Yasky, dirigida por Nuevo Encuentro de Sabatella, que pasó del apoyo crítico al kirchnerismo al “cristinismo” obsecuente, y que cuenta en su seno, ni más ni menos, con una de las más importantes experiencias de organización obrera independiente de las últimas décadas: la asociación gremial del Subte.

* La CTA-Micheli, que junto al PCR, Libres del Sur y el MST, son expresión de un sector de centroizquierda hoy hegemonizado por el sojero Frente Amplio Progresista (FAP) de Binner, De Gennaro, Stolbitzer, Lozano y Tumini, que desplazó a Proyecto Sur de Pino Solanas (acompañado por el MST) como referencia política del espacio. Este sector empezará a crujir cuando se aproximen las elecciones legislativas del 2013 y el Partido Socialista de Binner intente reeditar un nuevo capítulo de su histórico vínculo electoral con la UCR.

* Por último, la izquierda partidaria tradicional encabezada por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) del PO, PTS e IS, con los vicios sectarios y aparatistas ya sabidos, lo que no exime de méritos en las construcciones de los compañeros, sobre todo en su vocación de inserción y desarrollo en franjas de la clase obrera industrial.

Entre estas expresiones -en disputa, tensión o proximidad, según el caso- aparece el heterogéneo espectro de organizaciones políticas y sociales de “nueva izquierda” que nos pronunciamos por la construcción de poder popular y una alternativa política de los de abajo (tareas que entendemos dialécticamente ligadas, a su vez, con la construcción simultánea de organización política revolucionaria de la clase trabajadora y el pueblo).

Este amplio espacio de organizaciones populares, pese a tener un desarrollo considerable en el movimiento social y compartir numerosas actividades y ámbitos de construcción de base, aún no logra despuntar en el escenario político nacional con una voz y propuestas propias, déficit que resulta urgente superar.

Desde nuestro punto de vista, hacia este sector debemos destinar los mayores esfuerzos de unidad en esta etapa, apuntando a consolidar en el más breve plazo posible un primer anillo de alianza entre la COMPA, las organizaciones del Espacio de Humahuaca y COB La Brecha, no sólo para pensar las actividades para las fechas relevantes de la agenda popular, sino para comenzar a debatir sin eufemismo los ejes programáticos y métodos de construcción de una perspectiva frentista común (…) No desconocemos que con eso sólo no alcanza, pero entendemos que por allí hay que empezar para plantearnos después niveles superiores de unidad.

(…) Con estas posiciones y expectativas tenemos la mayor disposición para aportar a la construcción de la COMPA.

Saludos fraternales,

Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
(Junio 2012)

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